Puesto que en el verano es cuando más me concentro para leer y sacar algo
de provecho a esas lecturas, voy a hacer un comentario de los libros que me he
leído hasta ahora, con sus puntos buenos y malos. La verdad es que he ido
saltando de un géreno a otro -incluso géneros que no me llaman especialmente la
atención- para sacar el jugo de cada obra e intentar aplicarlo a lo que yo
escribo.
Así que, sin
más dilación, he aquí los libros del verano:
1) El Sol de las Contradicciones, de Eva
Losada Casanova
La verdad es que me aportó varias técnicas que había visto en clase con la
propia Eva. No es un género que lea muy a menudo (puesto que a mi me llaman la
atención las aventuras, ciencia ficción y fantasía), pero siempre viene bien
ver otros estilos. Los personajes estaban muy bien creados, especialmente el de
Mateo, el no hijo que tiene que cuidar la protagonista. Hay escenas muy
potentes y utiliza la descripción para mostrar sentimientos. En algún que otro
momento baja la tensión, cosa que está bien porque si un libro estuviera
siempre en el cúlmen, sería tan cansado de leer como un libro que no tiene ni
un sobresalto. Pero lo que yo sacaría de este libro como material didáctico
(que es lo que he hecho con el resto de los libros) es el tipo de narrador
indirecto libre, la construcción de diferentes personalidades, el uso de
diferentes tiempos alternados en cada capítulo, y la no relación que hay entre
el no hijo y la no madre.
2)
Rebelión en la granja de George Orwell
Llevaba años tratando de leer este libro
pero no parecía encontrar el momento idóneo. Finalmente me lo he leído.
Sin tener en cuenta el trasfondo histórico-político que lleva detras.
Simplemente leerlo, masticarlo y analizarlo. El libro lo leí relativamente
rápido para lo lento que yo leo, como unos tres días. Es un libro bastante
corto en el que el tiempo corre a gran velocidad. Los diálogos no abundan pero
son potentes y muy directos. Está lleno de guiños muy graciosos y durante toda
la historia los protagonistas son animales. Hace uso de las características de
estos animales y de sus conocidos clichés para describir diferentes razas o
estratos sociales. Va uniendo una y otra vez hechos del principio, como si
estuviera pasando un hilo por todo el libro. Esto se ve cuando los mandamientos
van siendo cambiados y el autor dice que los animales "creían" que
recordaban esto o lo otro:
"Fue en esa época cuando los cerdos
se mudaron de repente a la casa de la granja y se establecieron allí. Una vez
más, los animales creyeron recordar que al comienzo se había aprobado una
resolución contraria a esa medida..." (p.71)
Hay elementos de personificación que
personalmente me gustaron bastante, como "el hambre parecía mirarlos a la
cara" (p.77)
Lo mejorcito de todo fue el último párrafo
que mezcla la puntuación con la imagen y la comicidad:
"Los animales que estaban fueroa
miraban a un cerdo y después a un hombre, a un hombre y después a un
cerdo y de nuevo a un cerdo y después a un hombre, y ya no podían saber cuál
era cuál". (p.127)
3) El principito de Antoine de Saint-Exupéry
Este es un libro para todas las edades. Es
una metáfora él mismo. La forma en la que está escrito tiene más que hablar que
los anteriores. En este caso nos encontramos con un narrador, que es también el
protagonista (o coporotagonista) de la historia y que se dirge a nosotros, los
lectores, además de hacer comentarios extra durante la historia:
"Cuando vio mi avión por primera vez
(no dibujaré mi avión porque es un dibuno demasiado complicado para mí) me
preguntó..." (p.18).
"Imaginaos cúanto pudo haberme
intrigado esa semi confidencia sobre los otros planetas" (p.19)
En varias ocasiones hace declaraciones
como "las personas mayores aman las cifras" (p.23) y también se puede
encontrar un fluir de conciencia tan usada por Viginia Woolf y James Joyce en
sus respectivas obras: "Si intento describirlo aquí es para no olvidarlo.
Es triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y puedo transformarme
como las personas mayores que no se interesan más que en las cifras"
(p.25)
El narrador pasa de hablar sobre el
principito a hablar con el principito, lo cual te sorprende un poco al leerlo.
Otra técnica es la personalización de una
flor, que dice "estoy toda despeinada" (p.39)
Otro ejemplo sobre la misma flor:
"Elegía con cuidado sus colores. Se vestía lentamente y ajustaba uno a uno
sus pétalos. No quería salir llena de arrugas como las amapolas"
(p.38-39).
También utiliza muchas frases cortas para
aportar dinamismo a la historia, que ya de por sí fluye como un río.
También utiliza la descripción para
mostrar gestos:
"-Para olvidar que tengo
vergüenza-confesó el bebedor bajando la cabeza" (p.55)
Hay metáforas muy bellas como la
descripción de una serpiente, diciendo "un anillo de color de luna"
(p.72). Hay otro muy típico también: "Cabellos color de oro" (p.83)
Anáfora, que es la repetición de una o más
palabras:
"Puesto que es ella la rosa a quien
abrigué con el biombo. Puesto que es ella la rosa cuyas orugas maté. Puesto que
es ella la rosa a quién escuché quejarse..." (p.87)
Durante la historia, hay un salto al
pasado (que es en donde se explica la aventura del principito por los
diferentes planetas), que vuelve al presente en las últimas páginas.
El libro también instruye sobre la
vida en general, el hacerse mayor y el materialismo del ser adulto.
4) Harry Potter y la Piedra Filosofal de J.K.
Rowling
La última vez que leí este libro fue hace
unos 15 años. Y me acordaba más de la película que del propio libro. He de
decir que analizando el libro no hay mucho que decir. En ese aspecto me ha
desilusionado un poco, porque esperaba encontrarme varios recursos literarios y
no fue así. La fuerza del libro reside principalmente en la historia que cuenta
y en el dinamismo y facilidad de lectura. Tiene un vocabulario simple,
descripciones esenciales (con un par de pinceladas te muestra el castillo de
Hogwarts), no se detiene en detalles a no ser que sean de importancia para el
hilo de la histora. Esto es básicamente lo que hacen los relatos, ir a lo
importante, a la "chicha". Como Harry Potter fue
creado para lectores jóvenes y niños, es de entender que no te pongan diez
hojas de descripciones como te puedes encontrar en libros tales como El
Señor de los Anillos o Juego de Tronos. Sin embargo, la fuerza de la
historia y sus personajes estereotípicos siempre venden. Harry es un antihéroe,
es blando, ha tenido una vida triste y sin lujos, pero se convierte en el héroe
de la historia. Hermione y Ron son los compañeros, es decir, coprotagonistas.
Está el villano, que es Voldemort y sus aliados. Y en medio de todo esto, se
pueden observar claramente las funciones de Propp, aunque no sigan el mismo
orden:
XVI. Combate: el héroe y
su agresor se enfrentan en un combate. (Harry y Voldemort se enfrentan cuando
Harry es un bebé)
XVII. Marca: el héroe
recibe una marca. (La marca en la frente)
XI. Partida: el héroe se
va de su casa. (Harry se va a Hogwarts)
XIV. Recepción del objeto
mágico: el objeto mágico pasa a disposición del héroe. (La varita mágica, por
ejemplo)
XXV. Tarea difícil: se
propone al héroe una tarea difícil. (Encontrar la piedra filosofal)
XXVI. Tarea cumplida: la
tarea es realizada. (Consigue la piedra)
XXVII. Reconocimiento: el
héroe es reconocido. (Los alumnos y el director le aplauden por ser tan
valiente)
Esto es básicamente lo
que más veo en este libro, a parte de oraciones cortas, diálogo fluido y un final
abierto que anima a seguir leyendo sus próximas aventuras.
5) La Ciudad de las Bestias de Isabel Allende
De Isabel Allende saqué también un par de
ideas interesantes. He de decir que jamás había leído nada de ella y me pareció
que sus historias eran bastante dinánimcas. Sin embargo, en ciertas partes de
la historia perdía el interés. Al principio tardé en cogerle el tranquillo,
pero luego, cuando llegaron al Amazonas la cosa se puso más interesante.
También me desconcentraba el vocabulario que usaba, las expresiones que eran
tipicas del español latino. Hasta más allá de la mitad no llegas a la ciudad de
las bestias y cuando llegan allí realmente no están tanto tiempo como uno
desearía. El tiempo a veces pasa muy rápido; otras, muy despacio. Con lo cual
sentía que iba dando tumbos. La descripción del lugar mágico está muy bien
conseguido, especialmente las bestias. Sin embargo, hay un momento en el que
tienen dos aventuras paralelas (dos capitulos en los que se cuenta lo que hacen
Alexander y Nadia respectivamente), en el que me recordó muchísimo a viaje al
centro de la Tierra. Hay momentos en los que esperaba que me contase más sobre
cierto tema y lo resumia en unas pocas líneas. Sin embargo, había otras veces
que le daba demasiada importancia a algo que a mi no me interesaba
especialmente. Con todoy con eso, me pareció entretenido. Un libro para
jóvenes, con un léxico accesible a todo el público y con un genero que vende
mucho: aventuras.
6) El extranjero, de Albert Camus
Tampoco había leído nada de Albert Camus.
Busqué el libro más famoso y que me llamara por su tema. Nada más leerlo,
decidí que este libro no podía llamarse así, sino "El pasota", porque
desde luego lo que te transmite el personaje es un pasotismo de la vida
increíble. El hombre tiene a una media novia que no sabe si la quiere, y es tan
desagradablemente sincero que dice exactamente lo que siente. El protagonista
parece que vive en su propia burbuja, con una rutina que consiste en ir al
trabajo, comer, ver a los vecinos y saludarlos, quedar con su amiga con derecho
a roce, ir al cine y observar desde la terraza de su casa lo que se cuece por
la calle. Lo bueno de esta historia es lo que trasmite el personaje y el pedazo
de comienzo que tiene: "Hoy a muerto mamá. O quizás ayer. No lo sé. Recibí
un telegrama del asilo: 'Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas
condolencias'. Pero no quiere decir nada, Quizás haya sido ayer."
La forma en la que empieza es
directamente con giro, algo que te choca nada más leerlo. Sin embargo,
se te hace un poco pesado el momento desde que visita a su madre hasta que la
entierran. Podemos ver un núcleo, que es cuando escribe la carta a la exnovia
de Raimundo, una mora que al parecer le había puesto los cuernos. Esa carta iba
a ser un elemento muy importante para lo que sucede más adelante. Hay otra cosa
a remarcar que me gustó bastante y es la manera en la que describe al
perro y a su amo, una especie de simbiosis, de metamorfosis que para en el camino.
Por un momento me recordó al final de Rebelión en la Granja, por
aquello de que tanto el animal como el humano terminaban por ser iguales.
“Al
subir, en la oscura escalera, me di contra el viejo Salamano, mi vecino de
piso. Iba con su perro. Hace ocho años que los veo juntos. El podenco tiene una
enfermedad de la piel, sarna, creo, que le hace perder casi todo el pelo y que
lo cubre de placas y costras oscuras. A fuerza de vivir con él, solos los dos
en una pequeña habitación, el viejo Salamano ha llegado a parecérsele. Tiene
costras rojizas en la cara y el pelo amarillo y escaso. El perro, en cambio, ha
tomado de su amo una especie de aire encorvado con el hocico hacia adelante y
el cuello estirado. Parecen de la misma raza y, sin embargo, se detestan. Dos
veces por día, a las once y a las seis, el viejo pasea a su perro. Al cabo de
ocho años, no han cambiado de itinerario. Se los ve a lo largo de la calle de
Lyon, el perro tira del hombre, hasta que el viejo Salamano tropieza. Entonces
golpea al perro y lo insulta. El perro se agacha aterrado y se deja arrastrar.
Entonces tiene el viejo que tirar de él. Cuando el perro ya se ha olvidado
vuelve a tirar de su amo y vuelve éste a golpearlo y a insultarlo. Los dos se
detienen entonces en la acera y se miran, el perro con terror, el hombre con
odio. Así todos los días. Cuando el perro quiere orinar, el viejo no le deja
tiempo y tira de él; el podenco deja tras él un reguero de pequeñas gotas. Si
por azar el perro lo hace en la habitación, es golpeado de nuevo. Hace
ocho años que la historia dura. Celeste dice siempre «qué desgracia», pero, en
el fondo, nadie puede saber. Cuando lo encontré en la escalera, Salamano estaba
insultando a su perro. Le decía: «¡Cabrón! ¡Carroña!», mientras gemía el perro.
Dije: «Buenas tardes», pero el viejo seguía con sus insultos. Le pregunté
entonces qué le había hecho el perro. No me respondió con una especie de rabia
contenida: «No se mueve de ahí». Después, se puso en marcha tirando del animal,
que se dejaba arrastrar sobre sus cuatro patas y gemía”.
Al final
del libro me parece que hay un muy buen ejemplo de cómo se expresan los
sentimientos a través de las posturas del cuerpo, los gestos, etc.
“El juez, siempre sin lógica aparente, me preguntó si había disparado los cinco
tiros seguidos. Rememoré y precisé que había disparado primero una sola vez y
que, al cabo de algunos segundos, había hecho otros cuatro disparos. «¿Por qué
esperó entre el primer disparo y el segundo?», preguntó entonces. Volví a ver,
una vez más, la playa roja y sentí en mi frente la fuerza ardiente del sol.
Pero nada respondí ahora. Siguió un momento de silencio durante el cual el juez
pareció agitado. Se sentó, revolvió sus cabellos, puso los codos en su mesa y
se inclinó un poco hacia mí con un aire extraño. «Por qué, por qué disparó
usted sobre un cuerpo caído?» Una vez más, no supe qué responder. El juez se
pasó las manos por la frente y repitió la pregunta con voz un poco alterada:
«¿Por qué? Es preciso que usted me lo diga. ¿Por qué?» Yo seguía callado.”
También hay que remarcar que en ningún momento hay diálogo directo.
Todo el libro está escrito en discurso indirecto, siendo el
protagonista y narrador en primera persona el que reporta lo que los
otros dicen. Puede parecer un libro denso al no haber ni un solo parlamento,
pero no es así. Sabe elegir las palabras y desarrollar la historia de manera
que uno no se termina aburriendo.
Otra cosilla a remarcar es el giro marcado que hay hacia el final,
cuando de forma repentina termina matando al hermano de la ex novia de
Raimundo, alegando que hacía calor, que si los rayos del sol lo deslumbraban,
etc. El final es ciertamente sorprendente porque el protagonista abraza la
muerte, no le da miedo que le vayan a ejecutar y, es más, desea que lo acojan
el día de su ejecución con gritos de odio:
“Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza,
delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera
vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan
fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para
que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que
el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de
odio.”
7)
¿Fue el? de Stefan Zweig
Decidí leer este libro que es toda una demostración de la palabra
"celo" a través de acciones y no simplemente diciendo
"fulano estaba celoso". En este caso encima, el personaje celoso es
el perro, y la historia gira entorno a el. El narrador es poco
habitual. Se trata de un narrador en primera persona, que actúa como
testigo. No se acostumbra a ver este tipo de narradores, por lo que se
merece una mención especial.
La trama es absurda, sería poco creíble si no fuera porque el escritor mete
unas cuantas cosas sobre cómo Ponto -el perro- llega a ser el ser despiadado
que es al final. Por culpa de su amo, que le da todos los caprichos que el
perro quiere, termina por ser un maleducado. El personaje del amo, que es el
vecino de la narradora, es un hombre obsesivo, que solo puede centrarse en una
cosa al mismo tiempo, y nos lo describen como alguien muy humano, con sus cosas
buenas y malas. Al quedarse su mujer embarazada, la atención es para su mujer y
su futuro bebé, por lo tanto el perro deja de ser el ombligo del mundo y eso le
mosquea.
Está muy bien ver la batalla que hay entre el y el ser invisible que le ha
usurpado el puesto.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue un trozo en el que
utiliza las comas y las palabras muy bien para dar una sensación de rapidez:
"“Pero hubo alguien que sí se sorprendió. Hubo alguien que, perezoso y
con los ojos semicerrados, parpadeando, yacía en el sofá y que a aquella hora
de la tarde esperaba la reverencia de su señor. (Esta parte es buena
para describir una imagen, en vez de decir que el perro
estaba somnoliento sobre el sofá, con lo cual habría cogido más rapidez el
texto, sin dar importancia a la imagen). Aquel hombre se abalanzaba,
sin saludarle, sin hacerle una sola caricia, pasando de largo en dirección al
dormitorio, donde ahora se escuchaban risas y lloros y discursos y sollozos, y
aquello duraba y duraba y nadie se preocupaba por él, a quien por derecho y
tradición se le debía el primer saludo cariñoso”.
Las oraciones largas dan
una sensación de lentitud. Normalmente se escriben oraciones cortas. De no más de dos líneas.
Esta es una oración bastante larga. Usa tanto las palabras como la longitud de
las frases. Si se usan figuras retóticas también se dota de lentitud al texto,
osea que dependiendo de lo que queramos, se pueden usar más o menos figuras
retoricas, frases largas o cortas o parrafos largos o cortos.
Aquí hay una explicación de este recurso: http://estanochetecuento.com/el-ritmo-y-el-tono/
8)
Cosas de Niños de Isaac Asimov
Con Isaac Asimov tuve una grata sorpresa. Tiene todos los ingredientes que buscaba: fantasía, calidad, dinamismo, originalidad y elementos básicos en un relato corto. La historia tiene un punto de giro justo al final - cuando el niño se carga al elfo con un libro- y un comienzo bastante impactante:
"Pasada la primera punzada de náusea, Jan Prentiss dijo:
- ¡Maldita sea...! ¡No eres más que un insecto!
Se trataba de la confirmación de un hecho, no de un insulto. La cosa que se posaba sobre el
escritorio de Prentiss respondió:
-Desde luego.
Tenía unos treinta centímetros de longitud. Muy delgado, parecía la diminuta caricatura de un ser
humano. Sus articulados brazos y piernas nacían a pares en la parte superior de su cuerpo, las
segundas más largas y gruesas que los primeros, extendiéndose a lo largo del cuerpo y plegándose
hacia delante en la rodilla.
La criatura se apoyaba sobre estas rodillas, y el extremo de su velloso abdomen asomaba sobre el
escritorio de Prentiss.
Éste tuvo tiempo sobrado para reparar en todos los detalles, pues el objeto no ponía objeción
alguna al examen. Al contrario, se mostraba complacido, como si estuviera acostumbrado a
despertar admiración.
- ¿Quién eres? -preguntó Prentiss, dudando de su propia racionalidad.
Cinco minutos antes, sentado ante su máquina, trabajaba pausadamente en el cuento que había
prometido al editor Horace W. Browne para el número mensual de la Farfetched Fantasy Fiction. Se
sentía muy bien, en perfecta forma.
Y de pronto, había vibrado una ráfaga de aire justo a la derecha de la máquina de escribir,
remolineando y condensándose luego en el pequeño horror que columpiaba sus negros y relucientes
pies al borde de la mesa escritorio.
Prentiss se preguntó distraído cómo iba a contarlo más tarde. Era la primera vez que su profesión
afectaba tan crudamente a sus sueños. Tenía que ser un sueño, se dijo.
- Soy un avaloncio-habló el pequeño ser-. En otras palabras, soy de Avalón."
Al principio se juega con la racionalidad. La verdad es que encontrarse con un ser medio persona-medio bicho es muy raro y casi imposiblede creer si no fuera porque el ser con pinta de escarabajo empieza a contarle de dónde viene, los poderes que tiene y su misión. Por lo tanto, termina por ser verosimil. Con ese principio, se capta al lector rápidamente.
Con cuatro pinceladas y para no detenerse demasiado en el pasado, hace una descripción de su vida y del prota, que ayudan al lector a posicionarse.
" Prentiss se llevó las manos a la cara, las volvió a apartar y comprobó que el elfo seguía en el
mismo sitio, aporreando con los pies el cajón superior del escritorio. Prentiss no era aficionado a la
bebida, ni tampoco persona nerviosa. De hecho, sus vecinos le consideraban un tipo muy prosaico.
Poseía un vientre respetable, una cantidad de pelo razonable pero no excesiva sobre su cabeza, una
esposa cariñosa y un espabilado hijo de diez años. Desde luego, sus vecinos ignoraban que pagaba la
hipoteca de su casa escribiendo fantasías de diversos tipos. "
Hay también diálogos que hacen ameno el relato. Son diálogos bien construidos que aportan información al relato, e incluso para meter acciones
Y la vació de un trago.
-¿Por qué no la llenas otra vez? -sugirió al punto Prentiss-. Anda, vuélvela a llenar.
Así lo hizo el elfo.
Lo sorprendente de la historia es que el niño en vez de ser el soñador, no cree en las hadas, ha crecido y es el padre el que todavía tiene esas ideas y le fascinan. De hecho, dice que quienes leen de sobre ese tema son los adultos. En definitiva, un muy buen relato para fijarse en el giro, la verosimilitud, y diálogos.
9)
Gato Negro de Edgar Allan Poe
Este es el último relato que leí de Poe. Traté de leerme el escarabajo de oro, pero después de varias páginas terminé por hartarme, ya que me parecía extremadamente lento. Leí tambien la de los leones que fue interesante tanto al principio como al final, pero el nudo me parecía un poco insulso. También leí el de la máscara de la muerte roja, que tenía algunos puntos a destacar como la descripción de los pasillos del castillo y el final que es un poco extraño.
Pero desde luego la que me gustó, y me recordó también a corazón delator, fue la de El Gato Negro.
La historia narra la vida de un hombre y su metamorfosis: un joven dulce con un amor profundo hacia los animales que se vuelve agresivo, irascible y detesta a los animales. Termina por cargarse su animal favorito, ahorcandolo en el jardín y éste parece que vuelve para perseguirlo y volverlo loco. Tan loco que termina por clavarle el hacha en la cabeza a su mujer y la esconde detrás de la pared. Lo que no sabía es que había emparedado al gato nuevo que tanto se parecía al anterior, y justo cuando la policía estaba registrando el lugar, empieza a maullar desconsoladamente, haciendo que el protagonista acabe en la cárcel.
Y así es como empieza, con él en la cárcel. Toda la historia es un flashback
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