martes, 23 de octubre de 2018

Atardecer sin mí

A estas horas de la tarde, los últimos rayos de luz recortan la silueta de los edificios. El día se acaba y me invade una angustia de origen remoto. ¡El fin! El fin del  día, de mis días, la irremediable cuenta atrás de una miserable e insignificante alma como la mía. La puesta de sol ha cobrado sentido desde esta habitación ensombrecida, desde el escondite donde la veo y el corazón se me escurre por la camiseta empapada de miedo. El inequívoco sentimiento de asfixia, la mano que estrangula el cuello de la vida, el pulmón que golpea desde dentro por un soplo de aire fresco. Hoy soy consciente de que muero un poco más que ayer, que se me vuelan los días como las hojas al árbol, que vivo, pero a ratos, que el sol se va, la noche llega, y que el reloj nunca espera.