lunes, 20 de mayo de 2019

Título en blanco

Una repentina sensación de vértigo. Una página en blanco, sin bordes, infinita, que tus ojos no pueden abarcar. Se desparrama como un chorro níveo por la mesa, vírgen, intocable, perenne y el vértigo vuelve y yo viajo de un lado a otro de la habitación, dando tumbos, con el mismo vaivén de una campana repicando las horas que lleva ausente mi inspiración. Es el fin, pienso, el horror vacui helándome los dedos, incapaces de moverse, hacen un torpe movimiento, tamborilean sobre la mesa, ¡despertad! Pero están aletargados y no veo ningún signo de que quieran salir de su merecido descanso.

miércoles, 6 de marzo de 2019

El Talento de Mr. Ripley

Pocas son las veces que tengo un hueco exclusivamente para mí. No obstante, ayer encontré uno y aproveché para ver una película que me habían recomendado (basada en un libro escrito por Patricia Highsmith): El talento de Mr. Ripley.

De primeras se me antojó un comienzo lento: el chico talentoso que toca el piano y tiene varios trabajos, que lo es todo pero en realidad no es nada. 
Cuando comienzas a descubrir al personaje, te enganchas a la historia.

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Tommy Ripley podría ser un ejemplo de cualquier persona perfeccionista, que no tiene personalidad y prefiere vivir las vidas de otros a la suya propia. Aparentemente tímido, Tom se adentra en los problemas de una familia adinerada. Le ofrecen mil dólares a cambio de traer a su hijo aventurero de una vida de placer, lujuria y libre de responsabilidades. Él acepta, por supuesto. Lo que no se espera el lector es que Tom se quede prendado de la personalidad de Dickie. Su obsesión es tan grande que termina pareciéndose a él, quieriendo ser él... 

Poco a poco, ese don nadie se termina convirtiendo en alguien conocido y apreciado por el círculo de Dickie. También vamos descubrieno el perfil psicópata, tomando la película un color cada vez más frío y osuro, pero siempre, teniendo a un Tommy sonriente ante las cámaras. 

El final te hace pensar que el protagonista, antihéroe con claros síntomas de psicopatía,  puede salir de ese mundo oscuro en el que está encerrado. Temas como la homosexualidad secreta y las inseguridades, nos hacen ver que no es un personaje completamente oscuro, sino con varias capas, lo cual lo hace complejo. Hasta el último momento no sabemos si Mr. Ripley puede llegar a ser él mismo, y nos sorprende con un trágico giro que nos lleva a una moraleja, según salen los créditos del final: no podemos cambiar a alguien si ellos no quieren cambiar.

Sin duda alguna, una película que da mucho que hablar y muy recomendable para adolescentes, puesto que están pasando por una época delicada de transformación, de aparentar, de buscar quiénes son, de descubrir su sexualidad y de encontrar su lugar en el mundo.

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martes, 23 de octubre de 2018

Atardecer sin mí

A estas horas de la tarde, los últimos rayos de luz recortan la silueta de los edificios. El día se acaba y me invade una angustia de origen remoto. ¡El fin! El fin del  día, de mis días, la irremediable cuenta atrás de una miserable e insignificante alma como la mía. La puesta de sol ha cobrado sentido desde esta habitación ensombrecida, desde el escondite donde la veo y el corazón se me escurre por la camiseta empapada de miedo. El inequívoco sentimiento de asfixia, la mano que estrangula el cuello de la vida, el pulmón que golpea desde dentro por un soplo de aire fresco. Hoy soy consciente de que muero un poco más que ayer, que se me vuelan los días como las hojas al árbol, que vivo, pero a ratos, que el sol se va, la noche llega, y que el reloj nunca espera. 

lunes, 3 de septiembre de 2018

Génesis 2750


Génesis 2750

Nicolás ya no sabía qué sorpresa darle a su mujer. ¿Qué se le regala a alguien cuando cumple ciento cincuenta años? Ya le había comprado una capsula rejuvenecedora, un perfume con la esencia de su infancia, dos pequeños dogbots que le hacían compañía y a los que no tenía que alimentar, un crucero espacial en primera clase para observar la vieja Tierra y sus cientos de satélites orbitando aún a su alrededor, ¡incluso le había conseguido una rosa en el mercado de contrabando, solo porque se le había antojado tener una planta extinta en casa! Era imposible impresionarla, pero aun así la llevó a un espectáculo del que decían, nadie salía igual que entraba. Cuando llegaron al lugar, una antigua base de los humanos prehistóricos situada en la cara oculta de la Luna, Matilde hizo un gesto de resignación y entró de mala gana. Un par de autómatas los acompañaron hasta el último piso y les hicieron esperar en una terraza con vistas a la Tierra, gris y anodina.
     —¿Eso es todo? ¿Me has llevado a la otra punta de la Luna para enseñarme ese planeta muerto y aburrido? Podrías habértelo trabajado un poco más.
     —Cariño, ese planeta son nuestras raíces, de donde venimos. Espera un poco, por favor, que el show no ha empezado todavía.
     —Mira, Nicolás, tengo frío, llevamos aquí quince minutos de pie, me estoy perdiendo Romances bajo Marte ahora mismo, y me apetece tomarme una píldora de hamburguesa con aros de cebolla. Así que, o empieza esto ya o…
     La voz de Matilde quedó eclipsada por una voz grave y mucho más potente que retumbaba por todas partes. 
     «Al principio Dios creó el cielo y la tierra. La tierra era soledad y caos, y las tinieblas cubrían el abismo; y el espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas…». 
     A la voz le siguió una serie de espectáculos pirotécnicos, sonidos e incluso chorros de agua que alcanzaron el traje de su mujer. Ésta lo miro con la ceja arqueada. El mohín de incredulidad fue transformándose en asombro. Sobre el suelo lunar crecía hierba de un color que ya no existía, los gigantescos cráteres se llenaban de agua, como si de lagos se tratara. De ellos, asomaban peces colosales, y en los cielos volaban aves, ¡aves y no naves! Pero cuando llegó el quinto día, ay, todo se torció. 
     «…Y dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género: bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y así fue».

     Apenas tuvieron tiempo para reaccionar ante lo que se les caía encima. La sonrisa de su mujer de convirtió en una pura mueca de horror. Una gran masa de serpientes y pequeñas culebras de colores brotó del cielo y se precipitó sobre sus cabezas, enredándose en el pelo de Matilde. Su grito enfurecido debió de oírse en el lado luminoso de la Luna, y para cuando Nicolás trató de pedir perdón, ella ya estaba en la planta baja, introduciendo los datos de viaje en la cabina teletransportadora.

domingo, 25 de febrero de 2018

Inspiración: el proceso

Cada escritor tiene su forma de inspirarse y cualquiera es válida. Algunos la encontraban en la mujer, en la musa , la inspiración, el grillo que susurraba al oído ideas que solamente el autor escuchaba.
Otros recurrían al alcohol, a los bares dónde se juntan desconocidos que comparten el whisky de una misma botella. Desde luego, los peores antros son lugares en donde la mecha de la creatividad mejor prende. Unos cuantos se dejaban llevar por los efectos del opio y otras sustancias, entraban en un trance único, descubrían nuevos horizontes, practicaban la escritura automática en un momento de plenitud, cercano a Nirvana.

Sin embargo, hay otras formas de  encontrar la esencia de la escritura. Las sensaciones y sentimientos son un potente desencadenante. Una muerte, un nacimiento, una ruptura sentimental, una infidelidad...todos ellos nos producen un sentimiento directamente proporcional a la intensidad del momento. Cuando experimentamos esto, lo mejor que podemos hacer es guardarlo en nuestra cabeza para usarlo más adelante, o bien, aprovechar esa ráfaga de emociones y "vomitar" todo sobre una hoja. Últimamente hago uso de ésto último para dotar de intensidad a los textos, y más tarde reviso la estructura y lo perfeccionó.

 Para llegar a transmitir en un texto, tenemos que sentirlo, no solamente estar inspirados. Podemos tener una idea maravillosa, pero no ser capaz de ponernos en el estado de ánimo que exige la historia. Es por ello que muchas veces acudimos a situaciones por las que hemos pasado y las maquillamos de tal forma que no se parezcan tanto. Por ejemplo, podemos transformar el sentimiento de una fiesta sorpresa de cumpleaños en la sorpresa de ganar un premio de la lotería. Vale, habría que maximizarla, pero ahí está el núcleo. Lo mismo ocurre con la pena, o la excitación. Podemos utilizar el placer del roce, de un beso y recrearnos, multiplicar la sensación para ser capaz de describir una escena íntima. También podemos utilizar la tristeza de una infidelidad y extrapolarla a un suceso mucho más dramático. Creo que la clave está en conectar con tu yo interior, entender cómo reacciona tu cuerpo dependiendo de los estímulos y aprovecharlo para inspirarte.

domingo, 28 de enero de 2018

La pantera blanca

Se mueve con sutileza, deslizándose sin prisa en su dirección. Sus ojos de gata le tientan. Él se lo permite. Se dedican una sonrisa antes de abandonarse al sonido del tocadiscos. Después, pecho contra pecho. Mejilla contra mejilla. Un suspiro. Una caricia disfrazada. Dos cuerpos sin moverse. Moviéndose. Desconocidos jugando al desafío de la incertidumbre, dando pasos sobre la nota de un acordeón. Un pacto de silencio se rompe con el sonido de sus tacones girando sobre un pie, sobre otro, y tantea el oído de su presa. Le habla, le canta, le insinúa la boca. Continúa, tómame, déjame. Una pierna se adueña de otra, resbala perezosa. Quieren liberarse de un abrazo que se les hace extraño a veces, necesario la gran parte del tiempo. El pudor lo abandonaron en el sillón; el deseo se recibe en la pista. Está en el aire, en el aliento cálido contra su cuello, que lo atraviesa, que se clava y desconcierta. Para, mujer. No para, la música tampoco. Dibuja con la punta del zapato sus intenciones; él las persigue, las busca, las encuentra. Se rinde ante sus caderas. No pares, mujer, no pares. Se da cuenta de quién lleva a quién desde el principio, de que ese abrazo ha sido su perdición, y de que en el tango, la pantera blanca siempre gana.




Confesiones de un corazón comido

Ya no soy ni la cuarta parte de lo que fui hace años. De hecho, solo queda de mi un mordisco. Un pequeño trozo de carne que se niega a volver a sentir, a dejarse en manos que prometen sostener, en bocas que juran amar y en palabras que dicen "para siempre". Tengo los latidos contados, la circulación parada, los ventrículos inflamados de tanto sangrar. Me apenan los días y me arañan las noches, pues caigo de nuevo en el engaño de los sueños. El caos reina en el cuerpo, la bilis sube y baja, los quejidos retumban en los pulmones, el estómago se constriñe y las arterias se hacen un nudo marinero. Aguantan la respiración, piensan que pronto pasará el vendabal. Qué ilusas. Todos esperan la calma, pero el reloj interno se ha estropeado. Donde había mariposas, crecen polillas. Polvo. Donde retumbaba la risa, estalla el llanto hueco. Y donde cantaban las ilusiones libres, ahora confiesa un corazón comido, cuyo único delito fue ni más ni menos que amar.