Otros recurrían al alcohol, a los bares dónde se juntan desconocidos que comparten el whisky de una misma botella. Desde luego, los peores antros son lugares en donde la mecha de la creatividad mejor prende. Unos cuantos se dejaban llevar por los efectos del opio y otras sustancias, entraban en un trance único, descubrían nuevos horizontes, practicaban la escritura automática en un momento de plenitud, cercano a Nirvana.
Sin embargo, hay otras formas de encontrar la esencia de la escritura. Las sensaciones y sentimientos son un potente desencadenante. Una muerte, un nacimiento, una ruptura sentimental, una infidelidad...todos ellos nos producen un sentimiento directamente proporcional a la intensidad del momento. Cuando experimentamos esto, lo mejor que podemos hacer es guardarlo en nuestra cabeza para usarlo más adelante, o bien, aprovechar esa ráfaga de emociones y "vomitar" todo sobre una hoja. Últimamente hago uso de ésto último para dotar de intensidad a los textos, y más tarde reviso la estructura y lo perfeccionó.
Para llegar a transmitir en un texto, tenemos que sentirlo, no solamente estar inspirados. Podemos tener una idea maravillosa, pero no ser capaz de ponernos en el estado de ánimo que exige la historia. Es por ello que muchas veces acudimos a situaciones por las que hemos pasado y las maquillamos de tal forma que no se parezcan tanto. Por ejemplo, podemos transformar el sentimiento de una fiesta sorpresa de cumpleaños en la sorpresa de ganar un premio de la lotería. Vale, habría que maximizarla, pero ahí está el núcleo. Lo mismo ocurre con la pena, o la excitación. Podemos utilizar el placer del roce, de un beso y recrearnos, multiplicar la sensación para ser capaz de describir una escena íntima. También podemos utilizar la tristeza de una infidelidad y extrapolarla a un suceso mucho más dramático. Creo que la clave está en conectar con tu yo interior, entender cómo reacciona tu cuerpo dependiendo de los estímulos y aprovecharlo para inspirarte.
Para llegar a transmitir en un texto, tenemos que sentirlo, no solamente estar inspirados. Podemos tener una idea maravillosa, pero no ser capaz de ponernos en el estado de ánimo que exige la historia. Es por ello que muchas veces acudimos a situaciones por las que hemos pasado y las maquillamos de tal forma que no se parezcan tanto. Por ejemplo, podemos transformar el sentimiento de una fiesta sorpresa de cumpleaños en la sorpresa de ganar un premio de la lotería. Vale, habría que maximizarla, pero ahí está el núcleo. Lo mismo ocurre con la pena, o la excitación. Podemos utilizar el placer del roce, de un beso y recrearnos, multiplicar la sensación para ser capaz de describir una escena íntima. También podemos utilizar la tristeza de una infidelidad y extrapolarla a un suceso mucho más dramático. Creo que la clave está en conectar con tu yo interior, entender cómo reacciona tu cuerpo dependiendo de los estímulos y aprovecharlo para inspirarte.
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