Alicia...Alicia...Hacía ya unos añitos desde que vimos por última vez al Sombrerero. Ayer fui a verla y, sin duda, me gusta más que la anterior. Hay opiniones de todo tipo, y las respeto, pero os voy a contar las razones por las cuales pienso que la segunda parte de esta película me ha gustado más que la anterior.
Dejando atrás la similaridad que pueda haber con los libros de Lewis Caroll, la secuela de esta obra de ciencia ficción/fantasía muestra unos valores más profundos que la anterior. Y, ¿que valores son esos?
Bueno, para empezar que el tiempo es oro, que cada segundo cuenta, y cada elección que tomamos tiene consecuencias, como le ocurrió al sombrerero al alejarse de su familia, o como le ocurrió a la reina de corazones al ser injustamente culpada por comer una tarta, cuando había sido su hermana la culpable.
Lo siguiente que aprendemos durante toda la historia es que hay que perseguir nuestros sueños. Alicia es internada en un psiquiátrico, diagnosticada de histeria, una enfermedad muy "típica de las mujeres". En realidad, toda alteración hormonal, sentimiento de insatisfacción sexual, o una idea un poco alocada, era considerado histeria y por lo tanto, las mujeres eran tratadas como monstruos, personas desviadas, fuera de la sociedad, unas locas, básicamente.
En esta película vemos un toque feminista, una oportunidad para la mujer del siglo XIX de estar a la misma altura que el hombre y, como siempre, una vindicación de la liberación creativa, de la imaginación de nuestras mentes y de la inmortal inocencia de nuestras historias de niños.
Vamos a ver la cara del tiempo en el rostro de Sacha Baron (un poco perturbante después de ver Borat), volvemos a ver a Helena Bonham Carter como la reina cabezona y la cursi reina blanca interpretada por Anne Hathaway. Y, como no podía faltar, mi querido Johnny Depp en su papel de loco sin remedio, el Sombrerero, que cobra protagonismo en esta última entrega.

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